«Porque el país ya aprendió a caminar solo». Se nos va Petro. Así, sin incendio final, sin Apocalipsis en vivo por RCN y Caracol, sin expropiarnos el perro ni el televisor. Se nos va Petro… y el país sigue ahí, terco, respirando. El fin del miedo como política Se nos va Petro y resulta que no era el fin del mundo, sino apenas el fin de una costumbre: gobernar a punta de miedo. El uribismo, ese señor que gritaba desde el balcón, quedó hablando solo, peleando con su propio eco. Uribe derrotado, no por un enemigo armado, sino por algo peor: el tiempo y la gente cansada. Una nueva forma de hablar Se nos va Petro y, vea pues, Colombia habló de paz sin pedir permiso. Se habló de derechos sin bajar la voz. Se habló de deberes sin sacar el bolillo. La guerra dejó de ser el orgullo nacional, esa medalla manchada que siempre nos colgaban al cuello. El mundo nos miró distinto. No como nota roja, no como novela de narcos, sino como un país que intenta pensar. ¡Pensar! En Colombia eso sí es una revolución silenciosa. »Gobernar no es mandar, sino responder. La dignidad no es discurso, sino postura.» Lo que queda: Las bases del cambio Se nos va Petro y no dejó un milagro, dejó algo más peligroso: Bases. Lenguaje. Discusión. Preguntas incómodas. No llegó el comunismo intergaláctico, pero sí llegó la empatía al micrófono oficial: El pobre es visto como persona, no como sospechoso. El campesino es protagonista, no una postal. La soberanía se ejerce sin arrodillarse ni gritar. La derecha ya no es eterna, ya no es un «destino manifiesto». Nunca más será la única opción ni el «papá regañón» de la república. El camino hacia adelante Se nos va Petro y Colombia avanzó. No corriendo, no perfecta, pero de pie. Con errores —esto fue gobierno, no catecismo—, pero con una fuerza rara: la esperanza sin ingenuidad. Se nos va Petro… pero no se va la decencia, ni los principios, ni los valores. Y ahí queda Iván Cepeda, dejando claro que la política también puede tener memoria, ética y palabra. Queda el camino de la mano del pueblo, sin atajos de sangre ni discursos de odio. Queda la dignidad como norte y la historia abierta, por fin, sin dueño. Porque se nos va Petro, sí… pero el país ya aprendió a caminar. Navegación de entradas Muere Emilio Cendales, el tolimense que protagonizó el ‘Robo del Siglo’ en Colombia 📉 El dólar rompe barreras: Cierra en $3.598 y el peso lidera el mercado global