A medida que el calendario electoral avanza hacia marzo de 2026, el departamento del Tolima se encuentra en una encrucijada. Mientras en los pasillos del Congreso en Bogotá se libran batallas que definen el futuro del país, los ciudadanos se preguntan: ¿Dónde están los resultados de sus representantes? El «Pupitrazo» del Olvido: La Pobre Gestión Regional No es secreto que la labor de varios congresistas tolimenses ha pasado más por el cumplimiento de agendas partidistas que por la gestión de proyectos de alto impacto para la región. Mientras municipios como Ataco y Chaparral ya presentan alertas por inscripciones inusuales de cédulas —un fantasma de irregularidades electorales—, la ejecución de obras y la defensa de los intereses locales parecen haberse quedado en promesas de campaña. Poca iniciativa propia: Gran parte de los informes de gestión 2024-2025 muestran una participación pasiva en ponencias colectivas, con pocos proyectos de ley de autoría individual que transformen la realidad del campo o la industria tolimense. Desconexión con el territorio: La brecha entre lo que se legisla y lo que el departamento necesita (vías terciarias, apoyo al agro, seguridad) es cada vez más ancha. El Bloqueo como Estrategia: ¿A quién beneficia el hundimiento de las reformas? El reciente hundimiento de la Reforma a la Salud y la Reforma Tributaria en las comisiones del Senado ha sido celebrado por la oposición como una victoria política, pero para el ciudadano de a pie, el panorama es distinto. »Se hunde la reforma, pero no se hunden los problemas». El archivo de estas iniciativas —muchas veces impulsado por bancadas donde tienen asiento representantes del Tolima— deja un vacío peligroso. Al negar la transformación del sistema de salud, se perpetúa un modelo que en las regiones se traduce en filas eternas, negación de medicamentos y una red hospitalaria en cuidados intensivos. Persecución Política vs. Control Democrático El discurso de la oposición se ha centrado en denunciar una supuesta «persecución» por parte del Gobierno Nacional. Sin embargo, para muchos sectores sociales, esta narrativa parece una cortina de humo para justificar el sabotaje sistemático a proyectos de beneficio popular. La Justicia Social en pausa: Proyectos como la Jurisdicción Agraria —vital para un departamento agrícola como el Tolima— enfrentan obstáculos constantes. El estigma de la oposición: Al declarar una «ruptura» con el Ejecutivo, los sectores tradicionales corren el riesgo de dejar al Tolima sin interlocución directa con la Casa de Nariño, afectando la inversión pública necesaria para el 2026. Conclusión: Un voto a conciencia El mapa político se está reescribiendo. Con figuras presidenciales ya moviéndose en las encuestas y una Misión de Observación Electoral (MOE) en alerta, el Tolima no puede permitir que sus curules sigan siendo usadas para el bloqueo y no para la construcción. La pregunta para el elector es clara: ¿Votaremos por quienes defienden el statu quo o por quienes proponen transformar las deudas históricas del pueblo? Colombia y el Tolima van pa’lante, pero solo si la política deja de ser un juego de intereses particulares. Navegación de entradas ¿DUELO DE BARRETOS? Miguel Ángel reta a Óscar a debate público de gestión CAMBIAN VACACIONES EN COLEGIOS PÚBLICOS: